El Vraem: de refugio del crimen a santuario de la biodiversidad

El territorio de Avireri-Vraem ha sido reconocido por la Unesco como la séptima Reserva de Biósfera del Perú. Esta denominación abre la posibilidad de desarrollar el turismo y aplicar estrategias para la conservación de la biodiversidad en un área natural que forma parte del Valle de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro. 

Por: Sebastián Blanco
Portada: Sernanp


“El mundo va a tener otra mirada sobre esta biósfera, ya no van a decir que el Vraem es terrorismo”, afirma Virgilio Pizarro Curi, presidente de la Organización Asháninka Machiguenga del Río Apurímac (OARA), al celebrar el reconocimiento de Avireri-Vraem como la séptima Reserva de Biósfera del país.

OARA comprende a las comunidades nativas que viven dentro de la zona núcleo o intangible de esta reserva, conformada por las Reservas Comunales Machiguenga y Asháninka, el Parque Nacional Otishi y el Santuario Nacional Megantoni.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) anunció este reconocimiento el pasado 15 de septiembre, durante el XXXIII Consejo Internacional de Coordinación del Programa sobre el Hombre y la Biósfera (MAB, por sus siglas en inglés).

Los ecosistemas denominados como “Reservas de Biósfera” son áreas representativas y protegidas de ambientes terrestres o acuáticos creadas para promover una relación equilibrada y sostenible entre seres humanos y naturaleza. 

El Vraem, una zona de selva montañosa extendida entre los departamentos de Ayacucho, Cusco, Huancavelica y Junín, se ha visto afectado durante las últimas décadas por la presencia del terrorismo y el narcotráfico. 

Los cultivos ilegales de hoja de coca, empleados para la fabricación de la cocaína y sus derivados, proliferan en amplias áreas de este territorio y en 2019 ocuparon 54. 655 hectáreas, según el último estudio realizado por la Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (Devida). 

Además, por este territorio se desplazan los remanentes de Sendero Luminoso, autodenominados Militarizado Partido Comunista del Perú (MPCP), que son acusados por las autoridades de actuar en alianza con el narcotráfico y atacar constantemente a los militares y policías de la zona. 

En ese sentido, la designación de Avireri-Vraem como Reserva de Biósfera representa una esperanza y un gran logro para las provincias de Satipo, en Junín y La Convención, en Cusco, que comprenden esta reserva a lo largo y ancho de cuatro millones de hectáreas.

“Es un logro importante porque nos va a permitir gestionar el equilibrio entre el hombre y la naturaleza”, señala el ingeniero forestal y jefe del Parque Nacional Otishi, Carlos Barrientos, antes de añadir que ya se planifican proyectos productivos y ambientales en la zona.

Barrientos reside en Satipo y lleva más de una década trabajando en la conservación de Áreas Naturales Protegidas (ANP) y, desde el 2009, es la máxima autoridad del parque de Otishi, en donde ha tenido las experiencias más intensas e inolvidables de su vida. “La majestuosidad de la naturaleza te da mucho más ánimo para seguir caminando y encontrar cosas impresionantes en el bosque”, declara.   

“Este reconocimiento es una gran oportunidad para una articulación integral del territorio”, agrega la encargada de la secretaría técnica del comité del MAB en el país, Rosario Barrera.

De esta manera, el Avireri se ha sumado en el Perú a las reservas Noroeste Amotapes-Manglares, Huascarán, Manu, Oxapampa-Asháninka-Yánesha, Gran Pajatén y Bosques de Neblina, con las que forma un cinturón de biósferas. 

Al respecto, Barrera, quien desde hace 25 años lucha por proteger las ANP del Perú, sostiene emocionada que esta “es una oportunidad para reforzar el desarrollo sostenible de la región”.

Las Reservas de Biósfera: entre el hombre y la naturaleza

Las imponentes cataratas de Satipo son de difícil acceso debido a su remota ubicación. Las Reservas de Biósfera del Perú cuentan con paisajes paradisíacos. Sin embargo, muchos de estos lugares aún no son parte de una ruta turística establecida. Foto: Sernanp.

Hace 53 años se realizó la primera “Conferencia de la Biósfera”, organizada por la Unesco con el objetivo de examinar la manera más adecuada para reconciliar la conservación y el uso de recursos naturales. 

En este encuentro se acordó crear el programa MAB, cuyos proyectos establecen una red mundial de territorios que representan los principales ecosistemas del planeta, en los que se prioriza la protección de recursos naturales, la investigación de ecosistemas y el monitoreo de estas zonas.

En estos ecosistemas o biósferas, comunidades científicas y sociales, grupos de conservación y desarrollo, autoridades distritales, regionales y nacionales y habitantes locales trabajan en conjunto para conservar la naturaleza.

Según datos proporcionados por la Unesco, actualmente existen más de 700 reservas de biósfera en el mundo, entre ellas las siete peruanas. 

Una reserva gigantesca

Las cerca de cuatro millones de hectáreas del extenso territorio de Avireri-Vraem están divididas en una zona núcleo, una zona de amortiguamiento y una zona de transición. 

En este modelo de gestión, la zona núcleo “cumple una función orientada a la conservación de la biodiversidad y de ecosistemas”, explica Barrientos.  

Estos espacios de gran diversidad se mantienen en estado natural y de conservación casi absoluta, debido a su difícil acceso y su lejanía geográfica.

Virgilio Pizarro reconoce que, para las cerca de 450.000 personas que viven en contacto con la inigualable riqueza ambiental de la reserva, el reconocimiento de la Unesco es un hito histórico. “Es lo que siempre anhelamos tener”, afirma. 

Los habitantes de las Reservas Comunales Machiguenga y Asháninka viven en contacto con especies animales y vegetales únicas en el mundo. Para ellos, es indispensable preservar su cultura y el entorno que los rodea. Foto: Sernanp.

Sin embargo, urge tomar acciones y planificar proyectos a largo plazo para proteger y conservar el territorio, que se ha visto afectado por fenómenos como el cambio climático y la pandemia, así como por delitos como la tala ilegal y el narcotráfico.

Este es un compromiso que involucra a diferentes actores: Estado, financistas privados, organizaciones civiles y comunidades indígenas ya que, como manifiesta Pizarro, “hay mucho por explotar, no solamente degradar y depredar. Hay mucho por hacer”. 

Lo que se necesita es trabajar para “armonizar al hombre con la naturaleza”, afirma Barrera, para lo cual la difusión de estos modelos de gestión es indispensable. 

Se busca que las reservas trabajen de manera integral apoyándose mutuamente. “Hay muchas rutas que se pueden desarrollar y muchos espacios naturales que se pueden promocionar y difundir. Ese es nuestro reto”, sostiene Barrera. 

Biodiversidad asediada por todos los flancos 

En el Avireri habitan 257 especies endémicas de fauna y 307 de flora, 115 especies animales amenazadas, al menos 305 comunidades indígenas pertenecientes a diversas etnias, comunidades campesinas y colonos que se dedican al cultivo de café, cacao, plátano, entre otros productos.

Esta extraordinaria diversidad es afectada por factores como el cambio climático. “Estamos viviendo en carne propia el sofocamiento, el desastre que está pasando”, declara el presidente de OARA. 

Las provincias de Satipo y La Convención han sido gravemente afectadas por esta problemática, lo que ha ocasionado que “muchos de los productos bandera que se realizan en este ámbito” ya no se produzcan como deberían, como afirma Barrientos.

“El café, el cacao, los cítricos ya no están teniendo una productividad normal, han bajado. Esto se debe a los cambios climáticos”, añade el funcionario al referirse al aumento de las temperaturas y las sequías que comienzan a afectar la zona. 

Si no se toman las acciones de protección correspondientes, la reserva de Avireri-Vraem puede perder gran parte de sus ecosistemas. Foto: Sernanp.

Se necesita generar proyectos de recuperación de ecosistemas, ya que, de lo contrario, todos aquellos que dependen de la alimentación que se produce en la zona se van a ver severamente perjudicados, sentencia el responsable del Parque Nacional de Otishi.

Junto al cambio climático, otro de los factores de riesgo para esta zona ha sido la pandemia del Covid-19, debido a que el aumento de contagios hizo que un grupo de pobladores regrese desde las ciudades a sus tierras en Avireri-Vraem buscando seguridad, lo que ha aumentado la deforestación dentro la biósfera.

“Mucha población ha retornado al campo, ha empezado a trabajar, ha talado bosques, ha limpiado sus chacras, ha quemado, entonces ha generado estos impactos negativos en la naturaleza”, confirma Barrientos.

Finalmente, el narcotráfico y el narcoterrorismo también han causado estragos, aunque aún de manera incipiente en algunos puntos de estas áreas protegidas, como en los límites de las reservas comunales, pero ya se están realizando acciones de control como la instalación de nuevas bases militares y el aumento del patrullaje.

Un legado para las nuevas generaciones

El reconocimiento de Avireri-Vraem puede significar el impulso necesario para cambiar la visión que se tiene sobre toda la región y debilitar los delitos que se registran en ella.

En ese sentido, Pizarro asegura que es importante apostar por un proyecto duradero que trabaje sobre tres ejes centrales: “primero, es preparar el capital humano, luego el capital ambiental y, finalmente, el económico”, señala.

A partir de estos tres pilares, agrega, se debe construir el proyecto a largo plazo de conservación de Avireri-Vraem. 

Miembros de la Comunidad Machiguenga, la cual se encuentra en la Reserva Comunal Machiguenga (RCM), parte de la zona central de Avireri-Vraem. Dentro de esta reserva habitan etnias diversas como la Machiguenga, Ashaninka, Kaquinte y Yine-Yami. Foto: Sernanp.

Para Pizarro, también es necesario enseñar a la sociedad la importancia de esta área protegida. “Algunos viven en el presente, pero no piensan a futuro y eso se tiene que inculcar en las escuelas y universidades”, propone. 

Lo que su pueblo desea es mostrar una “cultura viva”. “Nosotros somos asháninkas, con nuestra propia identidad, nuestra propia cultura, nuestra propia realidad”, señala el representante.

Al reflexionar sobre el futuro de las comunidades de Machiguenga, Pizarro se emociona. “Lo que veo es que estamos dejando un legado, una historia para las generaciones que están por venir”, concluye con orgullo.